"LA FÁBULA DEL CIERVO Y EL CAZADOR"

Αυτό που δεν με σκοτώνει με κάνει πιο δυνατό
"Beni öldürmeyen Beni güçlendiriyor"
"Lo que no me mata Me hace más fuerte"
Tot allò que no em mata Em fa més fort
 

Diumenge 22 de Juliol del 2012 
Domingo 22 de Julio del 202
 Κυριακή 22 Ιούλιος 2012 
Pazar 22 Temmuz 2012 
Domingo 22 de Julho de 2012

___IMATGE DEL DIA___
"I encara hi ha f de P que riuen!" (Il.lustració: Enric)
  LA FÁBULA DEL CIERVO Y EL CAZADOR
 Ahí está de nuevo el bicho humano...

De agazapado se envalentonó y ahora muerde a los transeúntes inocentes que pasan por su vera. Y como en una dentada trampa para ciervos, de maldad incuestionable, te atrapa la pierna dejándote postrado en perpetua cojera.

Después llegará él.
Con su escopeta al hombro y cara de malas pulgas. Ah! y la libreta donde apunta cada pieza que cayó. Cuidado porque serás, desde entonces, carne viva que espera el martirio, el despiece, la sangría, el desastre...
Últimamente recorre los bosques un murmullo que trae consigo un debate: ¿deben unirse los ciervos para combatir al cazador?... algunos ciervos opinan que no, que el cazador caza por necesidad y que son las circunstancias las que llevan al hombre a diezmar su comunidad. Otros ciervos se quedan callados. Será el terror...será la ignorancia; o será el hábito de vivir en paz y no meterse en trifulcas el que lo lleva a esperar y esperar.... y mientras el cazador termina con sus crías, ataca con sus armas sin piedad, presa del odio, el hambre y la ambición.
Pero hay una minoría cada vez más ruidosa de irreductibles ciervos que, cada vez más numerosa y enojada, discrepa. Piensan plantarle cara al cazador. Y argumentan que al cazador solamente se le pueden parar los pasos genocidas mediante el ulterior de los caminos que, lastimosamente, es hoy el camino inevitable.
 El cazador usará todos los medios para dividir todavía más a los ciervos. Prometerá salvar la vida de unos cuantos y firmará legajos de papeles pestilentes donde su promesa será la voz de la muerte y del desencuentro para la comunidad.
A otros ciervos les venderá una historia antigua según la cual el ciervo, paradójicamente, para ser un buen ciervo, debe luchar por parecerse al hombre cazador. Y así, como los “kapos” en los campos de exterminio, algunos ciervos decidieron vigilar de cerca a sus hermanos, apuntarlos con el dedo, acusarlos y, a sueldo del cazador, enviar la muerte a los bosques y los montes.
 Los ciervos “revolucionarios” decidieron que la situación era insostenible y debían entrar en acción inminentemente para impedir que el cazador extinguiera el mundo de los ciervos.

Y comenzó la protesta.
Primero masas ingentes de ciervos salieron de los bosques y los montes para invadir las calles de las ciudades donde habitaban los cazadores. Dejaron inoperantes sus carreteras colapsándolas. Inutilizaron sus medios de transporte y consiguieron que aquella sociedad de asesinos de ciervos se paralizara hasta que ni alimentos ni carburantes, ni nada de todo aquello que para los cazadores y sus familias era imprescindible para subsistir llegara a las aldeas y ciudades.
Claro está que el cazador reaccionó. Y como era de esperar, usó todas las fuerzas más violentas de las que disponía para reprimir la subrevación. Mató a cientos, a miles de ciervos con sus armas y quemó las arboledas donde ciervos y otros animales conseguían su sustento. Pero el ciervo no cejó en su empeño. A pesar de estar debilitado por el hambre no permitió que el cazador venciera esa batalla decisiva y persistió en su determinación de resistir hasta la muerte.
Y es así como el ciervo venció aquella guerra. De esta manera el hombre cazador quedó en un estado extremo de desesperación, sin alimentos, sin apenas poder salir de sus hogares pues las calles permanecían atestadas de ciervos ( y ahora también de miles de animales enfurecidos que habían sufrido las consecuencias de la quema y la tala de los bosques cercanos).
Finalmente el hombre firmó uno de sus sucios documentos según el cual de ahora en adelante respetaría a los animales y, muy especialmente, a los ciervos que le habían puesto en jaque.
Los animales pudieron seguir sus vidas y el hombre no tuvo otra opción que dejar de comer carne de ciervo pero, desde entonces, siempre se sentiría vigilado por aquellos que jamás le permitirían un nuevo abuso de poder.
 Y ahora, después de leer esta aleccionadora fábula popular te pregunto:
¿Qué clase de ciervo crees que serás tú?
¿De los que callan?
¿De los que otorgan y venden a sus congéneres por 30 sucios denarios?...
¿O de los que estarán dispuestos a reaccionar ,a luchar y sufrir, y a morir si es preciso por un futuro de dignidad para los suyos y para él mismo?...
Quede ahí la pregunta...
La respuesta esta, solamente, dentro de ti.