27 Nisan / 27 Abril - Pazar

Recreación de una noche de terror
(Obedeced al director)

Estuve repasando uno de esos libros de auto ayuda hasta las tres de la madrugada. Ni una sola palabra util. Conecté el ordenador. Miré la webcam que me mantiene visualmente al tanto del tiempo metereólogico y del pálpito vital de la ciudad. Sobre las tres y media llegó como el corte de una catana.
Nada pudo consolar la sensación de desamparo, de estupor ante aquellas noticias abstractas que llegaban desde alguna radio congoleña o liberiana que había conectado horas antes en mi ordenador. Estas radios acostumbran a ser una buena ayuda para la concentración. La música suele ser buena y(la música africana hecha para africanos es casi siempre de gran calidad) novedosa para un espécimen como yo que se mueve en esta sociedad bloqueada. Aquí la música siempre es la misma. Cambias de emisora y suena, una vez más, infatigable la peleona Amy Winehouse, no,no,nooooo. Lo intentarás hasta el agotamiento y la certeza de que estás siendo tomado por ¿inocente? se hará patente. Las mismas canciones, las mismas noticias, las voces de siempre. Un panorama monocrómatico y aborrecible hasta la saciedad.
De repente sonaron unos fuertes ruidos. Detonaciones. ¡Disparos!. La música no se detuvo. Me alteré. Me reincorporé en el sillón al cual me había ido hundiendo poco a poco vencido por el tedio. Los gritos del locutor y técnicos me llenaron de pánico. Parecía una escena de Tarantino donde unos pistoleros masacran a algún tipo al ritmo de los Blues Brothers. La voz de Richard Bona seguí cantando melodiosa, ajena a la tragedia. Me levanté sobresaltado y fui a mirar la pantalla del ordenador. Busque la página principal de aquella emisora e intenté encontrar una dirección, un teléfono, algún dato que me permitiera hacer algo. pero ¿qué?. ¡Cielos!, estaba atrapado en mi salón, escuchando aquella música y los gritos desgarradores de aquella gente que suplicaba en un idioma incomprensible para mi. Me temblaban las manos y en aquella página web, llena a rebosar de titulares y anagrámas, no podía encontrar un jodido teléfono, una maldita dirección. Los gritos se mezclaban con unos golpes secos y aterradores que me recordaban los sonidos de la carnicería cuando despiezan un trozo grande de carne y un hueso se cruza en el camino del gran cuchillo. Al fin unos números. Busqué en el Google el perfijo de aquel país. Marqué rápido y escuché la voz de una operadora que, en un francés un tanto soplacaldos, me informaba del colapso en las lineas. ¿A las tres y media de la madrugada?. Volvía a marcar. En la radio se habia hechocasi el silencio y solo la voz de Bona ejecutaba la canción Tiki. Tras un Piiiiiiip, piiiiip, piiiiiiiip... el cabernoso sonido de un hombre preguntó:
- ¿Oui? celui qui est ?.
- Llamo desde España. Está ocurriendo algo terrible. Están matando al locutor y a su equipo ! tienen que impedir...
-Vous vous trompez monsieur. Cela êtes une discothèque, Ici Congo.
- No, no, je ne me trompe pas. qui est vous?
Tras la voz de aquel tipo seguía melodiosa la música de Richard Bona que ahora sonaba desfasada en mi ordenador.
-Insisto, avisen a la Police.
El tipo carraspeó. Oí el sonido inconfundible de quien da una calada al cigarrillo y expulsa el humo lentamente. Otra voz le gritó desde lejos y no entendí lo que le decía. El tipo me comunicó que iva a colgarme el teléfono y añadió:
- Monsieur, soyez vous intelligent, oubliez vous. Nous avons vôtre numéro de téléphone...
Y colgó.
Quedé asustado. Estando a varios miles de kilometros de un tipo que me amenazó y que Dios sabe donde guarda escrito en un papel el número de mi teléfono.
Mañana buscaré en los periódicos y no encontraré ninguna noticia. El mundo seguirá girando y muchos seguirán pensando que viven informados, que son intelectuales, pensadores, devoradores de prensa y televisión y radio. Mañana seguiremos siendo números con patas, ciegos, sordos e ignorantes.
Que paseis una buena noche. Si podéis...